Autismo (TEA)
El autismo es una forma diferente de desarrollo del cerebro que influye en cómo una persona se comunica, se relaciona y percibe el mundo. No es una enfermedad ni se «contagia», y acompaña a la persona toda la vida. Sus capacidades y necesidades pueden cambiar con el tiempo y con los apoyos adecuados.
¿Qué es, según las clasificaciones oficiales?
La Organización Mundial de la Salud describe el autismo como un grupo diverso de condiciones con algún grado de dificultad en la interacción social y la comunicación, junto con patrones atípicos de actividades y comportamientos, como dificultad para cambiar de actividad o reacciones poco habituales a las sensaciones. En la CIE-11 aparece como trastorno del espectro autista (código 6A02).
El manual estadounidense DSM-5 pide dos grandes áreas: diferencias persistentes en la comunicación e interacción social, y patrones de conducta, intereses o actividades restringidos o repetitivos (incluidas las diferencias sensoriales). Los rasgos están presentes desde el desarrollo temprano, aunque a veces no se notan hasta que aumentan las exigencias sociales o la persona aprende a «camuflarlos». El DSM-5 distingue tres niveles de apoyo, de «necesita apoyo» a «necesita apoyo muy sustancial».
¿Cuántas personas son autistas?
La OMS estima que alrededor de 1 de cada 127 personas en el mundo era autista en 2021, aunque las cifras varían mucho entre estudios. En Estados Unidos, los CDC calculan que 1 de cada 31 niños y niñas de 8 años tenía un diagnóstico (datos de 2022), y que se diagnostica más de tres veces más en niños que en niñas. En Europa se suele usar la estimación de aproximadamente un 1 % de la población.
Rasgos frecuentes (y muy diversos)
- Formas propias de comunicarse: hay personas que hablan mucho, otras poco y otras que usan sistemas alternativos.
- Dificultad para interpretar normas sociales implícitas, gestos o ironías.
- Preferencia por rutinas y por saber qué va a pasar; los cambios inesperados pueden generar mucho malestar.
- Intereses intensos y profundos.
- Sensibilidad mayor o menor de lo habitual a sonidos, luces, texturas, olores o sabores.
- Movimientos repetitivos (balancearse, aletear las manos), que a menudo ayudan a regularse.
Por eso se habla de espectro: no hay dos personas autistas iguales.
Señales para consultar en la infancia
Algunas señales que conviene comentar con el pediatra son: poco contacto visual, no responder a su nombre hacia los 9–12 meses, no compartir intereses (por ejemplo, señalar para mostrar algo) hacia los 15 meses, retraso o pérdida del lenguaje, o reacciones muy intensas a los cambios. Ninguna de ellas, por sí sola, confirma un diagnóstico, pero sí justifica una valoración.
¿Quién hace el diagnóstico?
No existe un análisis de sangre ni una prueba única. El diagnóstico lo realizan profesionales especializados (por ejemplo, neuropediatría, psiquiatría infantil, psicología clínica o equipos interdisciplinares), combinando la historia del desarrollo que aporta la familia con la observación directa. El primer paso suele ser el pediatra o el médico de familia. En personas adultas también es posible obtener un diagnóstico.
Apoyos con evidencia
- Intervención temprana psicosocial centrada en la comunicación y las habilidades sociales, con participación de la familia (recomendada por la OMS).
- Enseñanza estructurada (TEACCH): organiza el espacio, el tiempo y las tareas con apoyos visuales. Un metaanálisis de 2013 encontró mejoras moderadas a grandes en conducta social y reducción de conductas que dificultan la vida diaria.
- Comunicación aumentativa y alternativa (pictogramas, tableros, dispositivos): una revisión de 2021 mostró que aumenta la comunicación y que no frena el habla; en muchos casos la acompaña.
- Apoyos en el aula: anticipación, agendas visuales, rincones tranquilos y ajustes sensoriales.
Desconfía de cualquier producto que prometa «curar» el autismo: no existe cura, porque no es una enfermedad.
Mitos frecuentes
- «Las vacunas causan autismo». Falso. El estudio de 1998 que lo sugirió resultó fraudulento y fue retirado. En diciembre de 2025, el comité de expertos en seguridad de vacunas de la OMS revisó 31 estudios publicados entre 2010 y 2025 y reafirmó que no existe relación causal; tampoco con el tiomersal ni el aluminio. Una revisión Cochrane con más de un millón de niños no encontró diferencias en los diagnósticos entre vacunados y no vacunados.
- «Las personas autistas no sienten empatía». Falso: pueden expresarla de otra manera.
- «Es culpa de la crianza». Falso: tiene un fuerte componente genético.
Fuentes
- OMS – Trastornos del espectro autista (nota descriptiva, actualizada 17-09-2025)
- CDC – Diagnóstico clínico del autismo (criterios DSM-5)
- CDC – Señales y síntomas del autismo
- CDC – Datos y estadísticas sobre autismo (red ADDM, datos de 2022)
- Autismo España – ¿Qué es el autismo? Características y diagnóstico
- NHS (Reino Unido) – Autism
- ASHA Evidence Maps – Virués-Ortega y cols. (2013). Metaanálisis del programa TEACCH. Clinical Psychology Review
- ASHA Evidence Maps – White y cols. (2021). Comunicación aumentativa y alternativa y habla en autismo: revisión sistemática. J Autism Dev Disord
- OMS – Un nuevo análisis del comité de expertos reafirma que no hay relación entre vacunas y autismo (11-12-2025)
- Cochrane – Una revisión confirma la eficacia de las vacunas triple vírica (2020)
- CIE-11 – Bloque «Trastornos del neurodesarrollo» (6A00–6A0Z), listado de códigos
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